Auge y declive de la minifalda en el Islam.

Sí, el título de esta entrada puede parecer de lo más chocante y extraño. Seguramente hubiera sido más correcto el de “Auge y declive del uso de la minifalda como vestimenta femenina en los países de población mayoritariamente musulmana”. Porque, aunque hoy en día nos parezca algo inconcebible, lo cierto es que entre los años 1966 y 1975 la minifalda llegó a ser una prenda de uso habitual entre las mujeres en muchos países

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Mujeres afganas paseando por Kabul en 1972.

islámicos. En Oriente Medio, muchas mujeres llevaban minifalda en su vida diaria, tanto pública como privada, de manera absolutamente natural. Desde Kabul en Afganistán hasta Bahrein y Kuwait en el Golfo Pérsico, Irán, Irak, Siria, Yemen, Líbano, Egipto, Libia y Túnez, la minifalda se puso de moda y su uso entre las mujeres fue ampliamente aceptado incluso en el seno de las familias y sociedades más religiosas y conservadoras. Entre las mujeres de países árabes e islámicos que llevaban esta vestimenta, la mayoría eran estudiantes de escuelas y universidades, profesoras, amas de casa, trabajadoras, funcionarias, doctoras y enfermeras. Los países islámicos siguieron en esto la misma tendencia imperante en Occidente, donde el meme de la minifalda se puso de moda a partir de 1966. Esta relajación de los rigurosos hábitos y costumbres exigidos a las mujeres musulmanas se vio acompañada por un avance considerable en sus derechos, lo que permitió su incorporación masiva a la educación universitaria y al mundo laboral, así como su progresiva equiparación jurídica con los varones. Todo ello fue fruto de la corriente laicista y modernizadora que se extendió por los países islámicos desde los años 1930 y que se vio truncada a finales de los años 1970.

 

Hoy en día, lo anterior no deja de sorprender a las nuevas generaciones de mujeres de los países islámicos, que han vuelto mayoritariamente a las vestimentas más conservadoras tales como el hijab, el burka o el niqab. Muchas de ellas desconocen el hecho de que las minifaldas fueran tan populares en Oriente Medio entre 1966 y 1975, y se quedan atónitas cuando ven viejas fotos de sus abuelas, tías y otras parientes de más de 50 años llevando con toda naturalidad minifaldas cuando eran jóvenes. El rápido declive de la minifalda en Oriente Medio comenzó a finales de 1975, y en 1977 su uso era ya prácticamente inexistente. Desde entonces nunca ha vuelto a ser una moda popular entre las mujeres de clases medias y trabajadoras. Hoy en día, en Oriente Medio las minifaldas sólo son usadas excepcionalmente por unas pocas mujeres en ocasiones privadas, y la mayoría de ellas son estrellas del cine, la música y la televisión, pero nunca mujeres corrientes, al contrario de lo que ocurría antes. Generalmente no aparecen en público salvo en algunos núcleos urbanos de Siria y el Líbano, principalmente en festivales donde son llevadas por bailarinas y cantantes.

 

auge y declibe Mujer egipcia en El Cairo en 1970
Mujer egipcia en El Cairo en 1970.

Así pues, la pregunta es inevitable: ¿por qué el fenómeno de la minifalda fue tan abundante (casi de proporciones epidémicas) entre las mujeres de países islámicos tanto liberales como conservadores entre los años 1966 y 1975, cuando era virtualmente imposible pasear por Kabul, Bagdad, Teherán, Kuwait, Damasco, Beirut, El Cairo o Túnez sin toparse a cada paso con una mujer sin velo y ataviada con vestidos y faldas cortas? ¿Por qué este fenómeno decayó abruptamente en 1975, y no antes o después de esta fecha? Necesitamos una explicación científica, seguramente en el ámbito de la psicología y las ciencias sociales. La mayoría de las teorías que se han propuesto para explicar el auge y declive de la minifalda en Oriente Medio no son convincentes. Algunas de ellas sostienen que la razón del rechazo a la minifalda es bastante clara y sencilla: en las sociedades islámicas se espera que las mujeres vistan de forma modesta y conservadora. Incluso las mujeres que eligen no cubrirse por entero –en aquellos países y zonas donde realmente pueden elegir–, toman la decisión consciente de cubrir la mayor parte posible de su piel evitando, entre otras muchas cosas, las faldas cortas. Pero la pregunta sigue sin contestar: ¿por qué, a pesar del factor antes mencionado, las minifaldas fueron tan abundantes entre 1966 y 1975, incluso entre las mujeres árabes, afganas e iraníes de clase media y baja y de familias y sociedades conservadoras? ¿Por qué esta prenda fue ampliamente tolerada por la sociedad y la mayoría de las familias de la época? ¿Y por qué justamente el año 1975 señala el fin de la minifalda y anuncia el resurgimiento del Islam más conservador, el del rechazo en bloque de los valores occidentales y la vuelta masiva de las mujeres a los hijabs, los abayas y los burqas? ¿Por qué era aceptable que una mujer musulmana llevara minifalda, tacones altos y cabellos libres y glamourosos hace 40 ó 50 años, pero en la actualidad sería considerado una aberración? ¿Qué ocurrió en estas décadas pasadas y cuáles fueron los factores sociales, políticos, económicos y psicológicos que produjeron un cambio tan abrumador?

Laicismo, derechos de la mujer y auge de la minifalda.

auge y declive Estudiantes iraquíes en la universidad de Bagdad en 1970
Estudiantes iraquíes en la universidad de Bagdad en 1970.

Bien, para empezar, muchas regiones de Oriente Medio estuvieron colonizadas por potencias europeas desde principios del siglo XX hasta los primeros años 1970. No hay duda de que la colonización acelera el proceso de aculturación. Además de adoptar o de ser obligados a adoptar el lenguaje y el sistema político de las potencias coloniales, la moda y el estilo de vida también echan raíces en los pueblos colonizados. Por ejemplo, hasta 1971 Bahrein fue una colonia de Gran Bretaña. Si miramos los años de la colonización, es evidente que, junto al creciente número de ciudadanos angloparlantes de Bahrein, hubo un número creciente de hombres que llevaron trajes y bombines en lugar del tradicional suriyah, y un número creciente de mujeres que lucieron ropa occidental, en particular la minifalda, en lugar de la vestimenta tradicional.

Junto a la colonización occidental, la naturaleza de los regímenes políticos de Oriente Medio posteriores a la independencia tuvo también un impacto directo en el estilo de vida de la gente. Los golpes militares en Oriente Medio entre los años 1950 y 1970 instalaron nuevos regímenes en los que el orden político seguía siendo autoritario pero, al mismo tiempo, de naturaleza profundamente laica y modernizadora. En Egipto, Jamal Abdul Nasser, tras acceder al poder en 1956, promovió el nacionalismo árabe laico, ilegalizó y persiguió a los fundamentalistas islámicos y en especial a los Hermanos Musulmanes, y promulgó la igualdad constitucional de derechos entre hombres y mujeres. En Túnez, Habib Bourguiba promovió el laicismo hasta tal punto que prohibió que las mujeres llevaran hijab en los edificios y oficinas públicos. En Irak, el presidente Abdulkarim Qasim también decretó la total aconfesionalidad del estado iraquí y eligió a la primer mujer ministra de un país árabe. En Irán, el sha Reza Palevi, pese al carácter autocrático de su gobierno, también promovió un estado laico así como la occidentalización y liberalización de las costumbres y los estilos de vida. En Afganistán, el rey Mohammed Zahir Shah promovió una monarquía parlamentaria totalmente laica y pro-occidental, que fue derribada en 1972 por un golpe de estado protagonizado por la principal fuerza política del parlamento, el Partido Comunista Afgano, que al llegar al poder promulgó (con muy poco éxito) el ateísmo marxista-leninista.

auge y declive Estudiantes iraníes en la universidad de Teherán en 1973
Estudiantes iraníes en la universidad de Teherán en 1973.

Entre 1960 y 1978, era muy raro encontrar a una mujer con velo en las calles de El Cairo, Túnez, Damasco, Bagdad, Kabul o Teherán, y en las capitales de Irak y de Irán era habitual ver a mujeres conduciendo coches caros por las calles y vestidas con la última moda procedente de Londres o París. Así pues, esencialmente, la gente de los países árabes e islámicos no tuvo a líderes religiosos poderosos predicando y dictando lo que era y no era aceptable vestir, o lo que era y no era permisible pensar y hacer en el ámbito de la religión y las creencias. Antes bien, tuvieron a líderes políticos que promovieron un estilo de vida liberal y occidentalizado, y esto se reflejó de manera distintiva, aunque no únicamente, en la forma de vestir de las personas y especialmente de las mujeres. El sueño de Jamal Abdul Nasser (y de otros antes de él) de lograr la total separación entre la religión y el estado, la laicidad y modernización de la sociedad y la liberalización de las costumbres y el estilo de vida, junto con el engrandecimiento del orgullo nacional de los pueblos árabes, un sueño que muchos creían (y aún siguen creyendo) imposible, parecía a punto de hacerse realidad.

Finalmente, el boom del petróleo desempeñó un papel central en la liberalización de muchas regiones de Oriente Medio y especialmente de los países árabes y del Golfo Pérsico. En los años 1970, una inmensa cantidad de riqueza fluyó en la región atrayendo a inversores extranjeros de Occidente y a inmigrantes asiáticos, que decidieron vivir, trabajar y establecerse en la región. El aumento del número de expatriados transformó al Golfo Pérsico en un área cosmopolita acomodada y abierta a los nuevos estilos de vida. Por añadidura, las mujeres comenzaron a incorporarse a la educación universitaria y al mundo laboral, y las ideas feministas que promovían la libertad y la igualdad de las mujeres se dejaron oír en los grandes medios. Todos éstos fueron factores instrumentales subyacentes al nacimiento y desarrollo de la minifalda como moda popular en Oriente Medio. Para muchas mujeres árabes y de otros países islámicos, la minifalda simbolizaba la modernidad, el progreso, el glamour y todos los valores idealizados de Occidente. Las mujeres que rechazaban la minifalda y seguían con el velo eran vistas como tradicionales, atrasadas y oprimidas.

auge y declive Estudiantes de Bahrein en 1971
Estudiantes de Bahrein en 1971.

Islamismo, sumisión de la mujer y declive de la minifalda.

Sin temor a exagerar, podemos decir que Estados Unidos e Irán se encuentran entre los principales responsables (aunque desde luego no sean los únicos) de la muerte de la minifalda en Oriente Medio, y en definitiva del regreso masivo del velo y de la vestimenta de cuerpo entero –y, junto con ello, el retroceso en los derechos y libertades de las mujeres, así como el hundimiento del laicismo y el fin de la liberalización de costumbres en Oriente Medio. Veamos por qué.

En primer lugar, a pesar de compartir en buena medida el mismo marco moral, los sucesivos gobiernos estadounidenses siempre contemplaron con desconfianza al movimiento del nacionalismo árabe laico promovido por Nasser, sobre todo a raíz de su política de nacionalización de empresas extranjeras afincadas en Egipto y su progresivo acercamiento al campo socialista. El peligro rojo siempre estaba ahí, al acecho. Por ello, Estados Unidos apoyó decididamente al Estado de Israel cuando éste se enfrentó al régimen de Nasser en la Guerra de los Seis Días. La tremenda derrota de Nasser fue un golpe del que el arabismo laico jamás se repondría. Tras la muerte de Nasser se revirtieron en Egipto muchas de las políticas sociales que aquél había puesto en práctica, mientras una casta corrupta apoyada por el ejército y los gobiernos occidentales instauraba una dictadura cada vez menos laica.

auge y declive Mujeres afganas paseando por Kabul en 2011
Mujeres afganas paseando por Kabul en 2011.

Por su parte, cuando los comunistas en el poder en Afganistán vieron peligrar su existencia por la revuelta de los muyahidines o guerreros islamistas, solicitaron la ayuda de la Unión Soviética y ésta invadió Afganistán para apoyar al gobierno comunista y aplastar la revuelta islámica. El gobierno estadounidense, alarmado por la intervención soviética, decidió financiar y suministrar armas y apoyo incondicional a los islamistas, en la creencia ingenua de que éstos serían unos aliados de fiar. Ello desembocó en una guerra cruel que literalmente devastó Afganistán y que, tras acabar con el comunismo, entronizó a una poderosa élite clerical que creó un Estado teocrático y fue el germen de Al Qaeda. Más tarde una de sus facciones internas más extremistas, los talibanes, tomó el poder en un golpe de estado. Los valores del laicismo y de la modernidad occidental, que habían sido la seña de identidad de Afganistán, fueron barridos definitivamente y el país regresó a los tiempos más oscuros de la Edad Media.

En segundo lugar, Irán, que era un país muy importante e influyente en la región, experimentó en 1979 cambios políticos dramáticos. La monarquía pro-occidental pero autocrática de Mohammad Reza Shah Pahlavi fue derribada por el ultra-conservador Ayatollah Ruhollah Jomeini en 1979. El Ayatollah creó rápidamente la República de Irán bajo la ley islámica chiíta, y se entronizó él mismo como Líder Supremo. Lanzado a una política de enfrentamiento directo con Occidente, Jomeini transformó radicalmente la faz de Irán: de un país laico que se esforzaba por imitar en su estilo de vida a Occidente, pasó a ser un estado teocrático que rechazaba toda influencia occidental y se negaba a comprometer su identidad islámica. Durante el reinado de Reza Shah, las mujeres habían sido obligadas a quitarse el chador, y durante el reinado de su hijo Mohammed Reza se incitaba a las mujeres a llevar ropas occidentales. Tras la revolución islámica se hizo justo lo contrario: las mujeres fueron obligadas –con no poca violencia– a lucir el atuendo islámico, incluyendo el pañuelo y las ropas holgadas. La minifalda fue prohibida y en su lugar se decretó la “modestia en el vestir”.

La revolución islámica de Irán no sólo cambió la dinámica social y política de Irán, sino también la de los países vecinos. Básicamente, la revolución islámica tuvo un efecto dominó en la región. Los países vecinos de religión suní se sintieron amenazados por la emergente presencia chií e intentaron, en mayor o menor grado, desarrollar una fuerte identidad islámico-suní para contener lo que percibían como una impresionante pero amenazadora victoria chií en Irán. Como resultado, los fieles suníes se radicalizaron y se volvieron más receptivos a lo que les decían las autoridades religiosas, los mullahs y los imanes. Por añadidura, puesto que los líderes y regímenes laicos de la región habían defraudado muchas esperanzas y no habían logrado dar cumplimiento a sus promesas de gloria nacional, la religión se convirtió en la fuente alternativa de orgullo. Como resultado, el estilo de vida del pueblo comenzó a cambiar de manera radical.

En Bahrein, aunque llevar el cabello cubierto no era obligatorio, muchas mujeres se pusieron la daffa (pañuelo tradicional para la cabeza) y fue en esa fecha cuando la minifalda se abandonó. La respuesta positiva y el rápido ajuste al nuevo estilo de vida y de vestimenta conservadores, que tuvo lugar en Bahrein tras la revolución iraní, seguramente se debió en parte a la disonancia cognitiva que las propias mujeres experimentaban. La minifalda no formaba parte de la cultura árabe/islámica y de hecho iba en contra de los valores morales básicos de modestia y conservadurismo en los que creía la población. Por tanto, cuando los factores socio-políticos externos obligaron a las mujeres a cambiar su forma de vestir, en cierto modo ayudaron a reducir la disonancia cognitiva que experimentaban como resultado de adoptar un estilo de vida que percibían como incongruente con su propia herencia cultural y religiosa.

auge y declive Estudiantes iraquíes en la universidad de Bagdad en 2011
Estudiantes iraquíes en la universidad de Bagdad en 2011.

En lo que respecta a Irak, la guerra con Irán (1980-1988) y la invasión de Kuwait en 1990, que llevó a un duro embargo internacional, tuvieron efectos fatales para la sociedad iraquí y en especial para las mujeres. De 1993 a 2001, con el país aislado y destruida la clase media, que había sido la vanguardia del laicismo y la modernización, las mujeres iraquíes pagaron un precio muy elevado: el régimen de Saddam Hussein recortó sus derechos y lanzó una campaña en favor de la creciente islamización y el uso del velo, aunque no llegó a a decretar su obligatoriedad. Tras la invasión norteamericana de 2003, las mujeres iraquíes se convirtieron en objetivos del ataque de todo el mundo: los invasores, los terroristas y las fuerzas y partidos islámicos gobernantes. La extensión del velo fue dramática, y cualquier mujer que no lo llevara era acusada en público y corría el riesgo de ser asesinada por los grupos religiosos extremistas que florecieron tras el colapso del estado iraquí en 2003. El uso del velo fue instigado a través de los medios de comunicación y se impuso totalmente en las universidades, los institutos y las escuelas, e incluso el ministro de educación llegó a prohibir las fotos de mujeres sin velo en los currículos. Ahora las jóvenes iraquíes (casi todas con velo) se quedan asombradas cuando ven fotos de sus madres y abuelas. Se preguntan cómo sus madres se atrevían a llevar vestidos y faldas cortas en la universidad y en el puesto de trabajo, y cómo podían evitar ser acosadas por los hombres y no sentir vergüenza. Esto es indicativo, como en el caso de otros países árabes e islámicos, de una profunda involución histórica, que ha hecho que sociedades tolerantes y civilizadas hasta finales de los años 1970 hayan caído presa del militarismo, el tribalismo y el extremismo religioso, que han tenido a las mujeres como sus víctimas propiciatorias.

Un artículo de imprescindible lectura escrito por:

Juan de vivaelcientificismo.wordpress.com

Fuentes:
Arab Nationalism in the Twentieth Century: From Triumph to Despair. Adeed Dawisha (Princeton University Press. 2005).
Containing Arab Nationalism: The Eisenhower Doctrine and the Middle East. Salim Yaqub (University of North Carolina Press. 2006).

Fotografías:
www.ikbis.com/shots

2 comentarios sobre “Auge y declive de la minifalda en el Islam.

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