Jesús. Memorias de un jesuita novicio. 1890.

“Contemplo tantos días dedicados al exterminio de mi voluntad naciente, al desarrollo de una prematura sensualidad, al afianzamiento de un misticismo soñador y enervante, a la gimnasia destinada a la memoria, al adormecimiento de todos los afectos terrenales, al aprendizaje del disimulo como norma de conducta… ”

“Estudiaba ya Psicología y Lógica y nociones elementales de Ontología. Ponía nuestro profesor grandísimo empeño en que aprendiéramos el libro de texto de memoria, aunque no entendiésemos lo que decía y nos prohibió que pidiéramos aclaraciones. El rigor del padre Velázquez, era en esto  grandísimo. Al recitar la lección habíamos de marcar las comas y los puntos, y citar el lugar donde estaban colocadas las notas que cada página tenía. No se nos debía olvidar ningún adjetivo ni adverbio, aunque no fuese necesesario para expresar claramente las ideas, y no toleraba el uso de palabras sinónimas.”

“Todo se reduce – me dijo –  ser humilde y obediente. Haréis cuanto os manden, sin notar la autoridad ni categoría de quien os ordene alguna cosa ni si esta es justa, decorosa o fácil. Si os mandan mentir, acusar falsamente a otro, pegarle, robar, lo haréis sin escrúpulo ninguno, porque el mayor pecado de todos es la desobediencia y más aún el escándalo que a los demás produce la indisciplina que ocasiona. Piensa siempre en la misión que el cielo te ha reservado. Debes olvidar todos los afectos que te ligan a la tierra para ser esclavo de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Serás justo y bueno con los padres y los novicios, pero no amarás a ninguno, ni preferirás a unos sobre otros, porque todo afecto terrenal debilita la verdadera noción de la justicia, y es ocasión de pecado. En tus oraciones no dejes nunca al corazón en libertad de expresar a Dios sus sentimientos, con palabras que en él nazcan, porque es grandísima y notoria irreverencia; atente a los rezos de los devocionarios, que ellos contienen cuanto necesita el cristiano para ofrecerse a Jesús. No de bes sólo cuidar de la salud de tu alma, porque esto es egoísmo que Dios no puede ver gratamente: cuidarás de que los demás sean tan buenos como tú aspires a serlo; vigilarás sus acciones, palabras y costumbres y cuanto en ellas notes pecaminoso, aunque sea venialmente, lo referirás al padre Prefecto sin olvidar ni los más nimios detalles, porque a los ojos poco prácticos el pecado se aparece a veces con el ropaje de la virtud misma. La injusticia que contigo se cometa, debes recibirla como prueba en que Dios pone tu virtud, y debes darle gracias por ella sin una queja ni protesta, que sería soberbia y rebeldía. Tu confesor debe saber diariamente cuantos pensamientos tengas y cuanto hagas y digas. No olvides estas instrucciones. Sólo cumpliéndolas se conquista la paz del espíritu, y se es grato a los ojos de Dios.”

 

https://drive.google.com/file/d/1lIp9455mM9TZCONLpx0hm0UBokLJCvyy/view?usp=sharing

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